“Donde empieza todo… aunque no siempre se vea” .
- Vicente Martín López (Vizenzo)
- 3 may
- 2 min de lectura

Hay cosas en la vida que no sabemos cuándo comienzan, simplemente… están, como el amor de una madre, no tiene un día concreto, no empieza cuando naces, empieza mucho antes… y, en realidad, nunca termina.
De pequeños creemos que una madre es quien nos cuida, quien nos da de comer, quien nos arropa, quien nos dice lo que está bien y lo que está mal, pero con el tiempo… uno entiende que eso era solo la superficie, porque una madre es también la que se queda cuando todos se van, la que piensa en ti incluso cuando no estás, la que te corrige… sin querer hacerte daño, la que te da… incluso cuando no le queda y eso… no se aprende, eso… se es.
Luego llega un momento en la vida en el que todo cambia, cuando eres tú quien mira a un hijo, ahí… todo encaja, ahí entiendes tantas cosas… que antes no comprendías, el miedo, la protección, el silencio, el orgullo y sobre todo… ese amor que no necesita explicación.
Desde ese momento, hay gestos que dejan de ser pequeños, se vuelven eternos, como una rosa roja, una rosa que cada año llega a manos de una hija, desde el mismo día en que nació, no es la rosa, es lo que representa, es el “siempre estoy”, el “siempre serás importante”, el “pase lo que pase… aquí estaré”.
Y a mi hijo… desde que llegó, le regalo un libro, porque hay amores que también se construyen enseñando, acompañando, dejando huella en forma de palabras, p
ero este día… no es solo para quienes pueden dar o recibir., también es para quienes recuerdan, para quienes ya no pueden llamar, para quienes darían cualquier cosa por un abrazo más, para quienes sienten ese vacío… que nadie ve, pero que está y también… para esas mujeres que no pudieron ser madres. No porque no quisieran, sino porque la vida… a veces escribe historias distintas y aun así… han cuidado, han amado, han estado, sin título, sin reconocimiento, pero con una verdad que no se puede discutir, porque ser madre… no siempre es dar vida, a veces… es sostenerla.
Hoy no es un día para grandes discursos, es un día para pequeños gestos, para una llamada, para un recuerdo, para un “gracias” que quizá nunca dijimos, o simplemente… para cerrar los ojos y volver a sentir, porque hay algo que nunca cambia, lo que una madre deja en ti… no desaparece, se queda, en tu forma de hablar, en tu manera de cuidar, en lo que eres… aunque no te des cuenta, y quizá… lo más importante de todo esto es no dejarlo en silencio.
Cuidad de vuestros corazones, porque lo que no se escucha… se pierde.
Vicente Martín López (Vizenzo)



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