5 de enero – El cumpleaños de mi madre
- Vicente Martín López (Vizenzo)
- 5 ene
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Actualizado: 5 ene

Hoy es 5 de enero, una fecha que siempre tuvo magia propia. Es la víspera de Reyes, la noche de la ilusión, del brillo en los ojos de los pequeños… pero para mí, desde que era niño, este día tiene un significado aún más profundo: hoy es el cumpleaños de mi madre.
Y este año, mi padre, mi Duende, ya no está, esta fecha se vuelve más silenciosa, más íntima, más llena de recuerdos que de ruido. Sin embargo, hay algo que permanece, algo que sostiene, algo que no se apaga nunca: la presencia de una madre.
Dicen que un gran hombre lo hace una gran mujer. Yo no sé si soy un gran hombre, pero sí sé que detrás de cada paso que he dado, detrás de cada caída de la que me levanté y detrás de cada gesto de bondad que he intentado ofrecer… está ella.
Mi madre. La mujer que nunca pidió aplausos, pero sostuvo el escenario. La mujer que nunca habló más alto que nadie, pero siempre dijo lo que había que decir. La mujer que se quitó abrigo para dármelo a mí, y nunca quiso que yo lo supiera. La mujer que lloró en silencio mis derrotas y celebró mis victorias como si fueran suyas. La mujer que, aún hoy, se preocupa por mí como si siguiera siendo un niño de ocho años.
A veces olvidamos lo que significa una madre. O lo damos por hecho. Pero cuando la vida te quita a uno de los dos pilares —cuando se va un padre—, entiendes aún más la grandeza del que queda.
Mi madre ha sostenido mi tristeza sin saberlo. Ha mantenido el hogar encendido aunque faltara una voz en la mesa. Ha sido la costura invisible que mantiene unida la familia cuando los hilos de los días se deshilachan.
Y hoy, que es su cumpleaños, quiero hacer algo que nunca decimos lo suficiente:
Gracias, mamá. Gracias por tu paciencia, por tus dudas, por tus noches sin dormir, por ese miedo constante de madre que nunca desaparece aunque los hijos crezcan. Gracias por preocuparte incluso cuando yo te digo “estoy bien” aunque no lo estoy. Gracias por los domingos que parecían eternos, por los guisos que curaban el alma, por tu voz llamando a cenar desde la cocina, por tus manos que recogían lo que yo desordenaba, por tus palabras que calmaban lo que la vida sacudía.
Gracias por haber amado tanto a papá, y por habernos enseñado a amar como él te amó. Gracias por enseñarme a seguir adelante sin olvidar, a crecer sin romperme, a recordar sin quedarme atrapado.
Hoy, en este día tan tuyo, quiero que sepas que no estás sola. Que aunque falte una silla en la mesa, sigue estando su risa en nosotros. Que aunque falte un abrazo, sigue estando su amor en tu memoria. Que aunque falte un Duende, sigue estando el camino que él recorrió contigo.
Y quiero que sepas que tu hijo te admira, más de lo que las palabras pueden decir.
Eres ejemplo. Eres refugio. Eres hogar. Eres la bendición que sostiene.
Y si hoy mis hijos celebran la Navidad con alegría, si viven la magia sin miedo, si saben que la familia es lo más sagrado… es porque yo lo aprendí de ti.
En esta noche de Reyes, mientras el mundo espera regalos, yo solo pido uno:
Que mi madre esté bien. Que su corazón esté en paz. Que la vida le devuelva la mitad de lo que ella ha dado. Que nunca olvide que, aunque el tiempo pase y aunque la vida duela, ella sigue siendo la luz más grande que tengo.
Feliz cumpleaños, mamá. Que los Reyes te traigan descanso, salud, alegría y el abrazo invisible de nuestro Duende que, donde esté, seguro te está sonriendo.
Y a todos los que leéis este blog, desde la Alpujarra de Granada hasta quienes nos escuchan desde otros países… abrazad a vuestras madres mientras podáis. Decidles que las queréis. No esperéis a mañana.
Al final, como siempre digo…
Cuidad de vuestros corazones, porque las historias que no se cuentan… se pierden.
Y esta historia, la de mi madre, merece conservarse siempre.
Vicente Martín López


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