top of page
Buscar

1 de enero: LO QUE SE HA PERDIDO, LO QUE PERMANECE


Empieza un nuevo año. Y como siempre, llega cargado de propósitos, promesas y ruido.


Hay días en los que el calendario pesa más que otros, el 1 de enero es uno de ellos.


No porque empiece un año nuevo —que también—sino porque inevitablemente miramos atrás.


Miramos lo que se fue, a quien ya no está, a lo que no pudo ser, a las palabras que no dijimos, a los abrazos que dejamos para “otro día”.


Hoy, como cada comienzo de año, las ausencias se hacen más visibles. Hay sillas vacías que no se llenan con brindis, nombres que no aparecen en los mensajes, voces que ya no suenan, pero siguen resonando dentro.


Y no pasa nada por sentirlo, recordar no es retroceder, llorar no es rendirse, nombrar lo perdido no es vivir anclado al pasado.


Porque perder también forma parte de vivir.


Pero este año quiero que miremos más allá del vacío, quiero que miremos lo que permanece.


Permanece el amor que dimos, permanece lo que aprendimos de quienes se fueron, permanece la huella que dejaron en nosotros.


Las personas importantes no desaparecen: se transforman en memoria, en forma de mirar el mundo, en valores que repetimos sin darnos cuenta, en gestos pequeños que heredamos sin saberlo.


Este año no quiero quedarme solo en lo que se perdió, quiero mirar lo que la vida aún nos debe…y también lo que ya nos ha regalado.


Porque, aunque haya ausencias, también hubo encuentros.


Ángeles cotidianos, personas que llegaron sin hacer ruido y se quedaron sosteniéndonos en los días difíciles, gente que nos escuchó cuando no sabíamos qué decir, que estuvo sin preguntar demasiado, que no se fue cuando habría sido fácil hacerlo.


A veces no son grandes historias, son presencias silenciosas y esas son las que de verdad cambian una vida.


Mirar hacia adelante no significa olvidar, significa caminar con todo lo vivido dentro.


Este año que empieza no tiene por qué ser perfecto, no tiene que cumplir promesas, solo tiene que ser honesto.


Honesto con lo que sentimos, con lo que necesitamos, con lo que ya no queremos cargar.


Que sea un año donde aprendamos a valorar lo sencillo, a decir “te quiero” sin miedo, a pedir ayuda sin vergüenza, a escuchar más, a callar cuando toca, a estar presentes.


Porque la vida no se mide por lo que falta, sino por lo que hacemos con lo que tenemos.


Hoy, 1 de enero, no prometo olvidar, prometo recordar con amor, y seguir adelante.


Con los que están, con los que estuvieron y con todo lo que aún está por llegar.


Porque aunque algo se haya perdido, la vida —siempre— sigue esperando que la vivamos.


Gracias por estar aquí. Gracias por leer despacio. Gracias por no pasar de largo. Seguimos en Voces del Reencuentro, donde el silencio también habla.


Vicente Martín López



 
 
 

2 comentarios


Yolanda M
Yolanda M
01 ene

Gracias por escribir bonito.

Me gusta
Contestando a

Gracias a ti por leer con el corazón.

Escribir bonito no sirve de nada si al otro lado no hay alguien que se detiene, escucha y siente. Yo solo escribo… sois vosotros quienes dais sentido a cada palabra.

Mientras haya personas como tú, las historias no se pierden… se quedan.

Me gusta
bottom of page